lunes, 10 de julio de 2017

Con el ejemplo de la mambisa irreductible



Aída Quintero Dip
  “Muchas veces, sin que me hubiera olvidado de mi deber de hombre, habría vuelto a él con el ejemplo de aquella mujer”, escribió José Martí acerca de la insigne patriota Mariana Grajales.
   Solo una persona de la exquisita sensibilidad del Apóstol de la independencia de Cuba podría reflejar con tanta sencillez y elocuencia la grandeza de quien consideró una de las mujeres que más conmovieron su corazón.
    En Santiago de Cuba vio la luz primera Mariana Grajales, el 12 de julio de 1815, tierra que fue testigo de su crecimiento con una educación ética en el seno de la familia y también la vio elevarse en estoicismo, cuando con amor de madre y orgullo de patriota, entregó sus hijos a la causa redentora.
      Su gloria no se ciñe únicamente a que gestara y pariera una legión de héroes; su estatura se encumbra aún más al instruir a sus descendientes para que fueran hombres y mujeres de bien, y forjar artífices en la lucha por la independencia de la nación del colonialismo español.
   Para Joel Mourlot Mercaderes, estudioso de la familia Maceo-Grajales, es Mariana madre excepcional de Cuba, la que parió, educó hijos virtuosos, y alcanzó la supervivencia a 11 vástagos en el ejercicio de las mejores cualidades humanas, un logro extraordinario que la sociedad debe justipreciar siempre.
   La periodista cubana Argentina Jiménez, en uno de sus artículos, expresa que la nombran la Madre de los Maceo, la Madre de todos los cubanos, la Madre de la Patria, y Martí la llamó Mariana Maceo, apellido de hombres valientes, corajudos, inscritos para siempre en la historia; mas, Mariana Grajales Cuello brilla con luz propia.
   Se las ingenió para fraguar una familia sustentada en sólidos valores, bondadosa y tierna con sus hijos, pero severa en la disciplina, les hizo jurar de rodillas libertar a la Patria o morir por ella, aunque era innegable que su corazón de progenitora palpitase ante la posibilidad de que alguno pudiera morir.
    Mariana Castillo Felicó, una santiaguera que lleva con orgullo su nombre, piensa que lo más importante es honrarla siempre,  haciendo realidad su legado, para que las nuevas generaciones se formen con el espíritu de ella como ser humano y en la formación y educación de sus descendientes.
   Hay que recordarla especialmente por sus virtudes que son fuente de inspiración constante, y sobre todo por la capacidad para anteponer a sus sentimientos, los intereses de la nación, los anhelos de independencia de la tierra esclava, resalta.
   En las páginas que ofrendó  destaca ese grito heroico de “fuera, fuera de aquí no aguanto lágrimas”, recreado por Navarro Luna en su poema, un mensaje que la retrata y la inmortaliza al forjar valientes y fieles defensores de la libertad, entre ellos hombres de la talla de Antonio y José Maceo.
   Huellas dejó su vida en ese cuarto de siglo en combate sin tregua por la soberanía de Cuba desde la pequeña hacienda de Majaguabo, en San Luis, el peregrinar de 10 años por la manigua redentora hasta el obligado exilio en Jamaica.
   Existencia azarosa, pero edificante, conservó la dulzura propia de su fecunda maternidad, aun lejos de su amada Patria, y en su casa en la calle Iglesia No. 34, en Kingston, halló consuelo todo cubano patriota.
   En tierra extraña encontró la muerte el 27 de noviembre de 1893 a los 85 años, y a la tumba la siguieron muchos compatriotas, quienes la recordarían con sus ojos de madre amorosa y pañuelo en la cabeza, como si fuera una corona.
    Alguien que la conoció  bien y admiró en los campamentos y escenarios de batallas, el mayor general José María Rodríguez Rodríguez (Mayía), enterado tarde de la triste noticia, subrayó meses después del suceso:
    “Pobre Mariana, murió sin ver a su Cuba libre, pero murió como mueren los buenos, después de haber consagrado a su Patria todos sus servicios y la sangre de su esposo y de sus hijos. Pocas matronas producirá Cuba de tanto mérito, y ninguna de más virtudes.”
    Ejemplo excepcional de conducta humana desde el hogar en un medio y circunstancias muy hostiles, lo que ensancha su mérito, Mariana Grajales ha devenido símbolo. Fue de las mujeres que más conmovió el corazón de José Martí. 

viernes, 7 de julio de 2017

Roberto Pérez: periodismo en la vida o la vida en el periodismo



    John Vila Acosta
    Hoy, como cualquier otro día, Roberto Pérez Betancourt regó sus plantas al salir el sol.
   Cuatro horas antes despertó, redactó, envió y publicó. La típica rutina que lo conduce desde hace más de medio siglo aún lo acompaña, lo enamora, porque según cuenta “no existen dolencias físicas ni enfermedades que puedan con el tesón del verdadero periodista”.
  Pérez Betancourt, reconocido profesional de la prensa en Cuba, no anda a la velocidad de antes porque sufre de una hernia discal, tiene dos osteofitos que le oprimen la médula ósea y padece de broncoespasmo, todo ello a la avanzada edad de 77 años lacera la salud, pero no la mente.
  El retiro me llegó al inicio de la actual centuria, sin embargo considero que desde la jubilación hasta la fecha las colaboraciones con diversos medios informativos me mantuvieron activo, jamás perdí los deseos de hacer periodismo y creo que no los perderé, dice y sonríe.
  Reportero y articulista del hoy semanario Girón, la emisora provincial Radio 26, la televisora TV Yumurí y la corresponsalía de la antigua Agencia de Información Nacional (AIN) hoy Agencia Cubana de Noticias ( ACN), todos ubicados en la occidental provincia de Matanzas, Pérez Betancourt conserva un solo estilo, el periodístico.
  Mi librito es el de la puntualidad, uno de los principales problemas del periodismo en Cuba hoy día radica en la falta de exigencia para hacer cumplir horarios, existe escasa prontitud para hacer llegar la noticia en tiempo, opina el también profesor.
  Incómodo por naturaleza, Pérez Betancourt cuenta numerosas desavenencias con directivos a lo largo de su trayectoria profesional, casi todas provocadas por el maldito defecto de decir lo que piensa, sin medir los efectos de sus palabras.
  El periodismo hay que ejercerlo desde el compromiso con tu propia ideología y valores, a partir de sentimientos incorporados a través de la formación humanista, conceptualiza con voz quebrada, visiblemente emocionado.
  Roberto pudiera hablar de muchas cosas, desde la estrecha relación con su hermano menor Rolando Pérez Betancourt, también cronista, o de su experiencia como corresponsal de guerra en Angola, y, en última instancia (o en primera), pudiera hablar del amor.
  Después de 55 primaveras de casado conservo la unión con Delma, ella es mi guía y mi sostén, la persona con la cual comparto mis momentos más felices y el apoyo firme para soportar adversidades, sentencia quien fuese presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Matanzas.
  Fuera de entrevista, tras la despedida formal y saludos previos al clásico adiós, Roberto Pérez Betancourt lanza el dardo “no concibo el periodismo fuera de mi vida porque mi vida la marcó el periodismo”.

Nota: Tuve el inmenso placer, en mis primeros años del periodismo, de ser junto a Roberto de la misma familia de la AIN, él en Matanzas, yo en Santiago de Cuba. Una etapa muy hermosa de la que guardo gratos recuerdos, sobre todo, por sus enseñanzas y acertados juicios en la vida y el trabajo, como un verdadero maestro en la profesión, de quien mucho aprendí. Gracias Roberto, este es mi modesto homenaje.  

viernes, 23 de junio de 2017

Martha: la historia es su vida



Aída Quintero Dip
  Un ambiente patriótico, de historia viva, rodeó desde la cuna a la santiaguera Martha Hernández Cobas, quien residía frente a la casa de los hermanos Marañón, mártires de la Revolución; su padre era miembro del Movimiento 26 de Julio y el abuelo del Partido Socialista Popular.
  Tal simiente resultó vital en su formación, su primera escuela que justifica la predilección por la carrera de Historia que cursó en la Universidad de Oriente, desde donde egresó en 1981 para convertirse en una reconocida profesional.
  Su hermana María Isabel se había graduado de esa especialidad en el pedagógico y ella quería seguirle los pasos, a pesar del deseo de su madre de que estudiara Medicina, rama que escogió la otra hermana, entonces la familia quedó complacida.
  Al morir su progenitor, siendo ella una niña, los domingos visitaban asiduamente el cementerio Santa Ifigenia a ponerle flores como expresión de respeto y cariño; y así comenzó Martha a venerar a José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y otros tantos patriotas y héroes que atesora el camposanto.
  Cuando se estrena en la vida laboral no se vincula a la historia, la ubican en la Casa de la Cultura de Siboney, pero al reencontrarse con una colega de estudios,  esta le enseñó el camino para integrarse como especialista al equipo del museo del carnaval, que dirigía el destacado intelectual Joel James.
  “Llegué a ser directora de la institución y me entregué con ímpetu al fascinante mundo de la historia mediante diversos cursos de posgrado y de museología, que me dieron una formación tremenda para trabajar con el público, hasta que empecé a dirigir el Centro Provincial de Patrimonio.
   “Tuve la gran posibilidad de desempeñarme al lado de Arturo Duque de Estrada, quien presidía la Comisión provincial de Monumentos, un hombre sensible, amante de la misma historia que hizo con su coraje; fue el secretario de Frank País en tiempos de la lucha clandestina, y yo aprendí tanto de él que le agradecí siempre.
    “Otro nombre imprescindible en mi vida es Angélica Miyares Ruiz, quien me inculcó el rigor en la investigación histórica, preocupada por la superación constante, una forjadora de valores, de la ética, la conducta, el conocimiento y hasta del porte y aspecto”.
  A Martha la reconocen hoy como una apasionada amante de la historia Patria, que la domina al dedillo, con una capacidad innata de transmitir emoción cuando rememora o explica acerca de hechos y personajes que dieron gloria a la nación.
  “En mi condición de especialista de la Oficina del Conservador de la Ciudad soy una de las guías del cementerio Santa Ifigenia, un privilegio que me ha permitido atender a personalidades y delegaciones de alto nivel que van a rendir tributo a nuestros muertos amados.
   “Yo siento un amor muy grande por ese sitio sagrado, si nosotros no cuidamos a nuestros muertos, si no perpetuamos su legado, ¿quién lo va a hacer?”, se pregunta Martha convencida de la trascendencia de su labor.
  Hay momentos que la han marcado como 1995, centenario de la caída en combate de José Martí, cuando se hace la primera restauración capital del mausoleo que atesora sus restos; y la realización del nuevo guión museográfico y museológico del museo Emilio Bacardí, primero fundado en Cuba, tras varios años cerrado.
  Otros hechos que recuerda en sus 20 años de faena relacionada con el patrimonio funerario es la identificación de personas enterradas, de las cuales no había documentos por lo que hubo que buscar a forenses y familiares para colocarlas en sitios destacados, como es el caso del trovador y compositor prolífero Antonio Fernández Ortiz, Ñico Saquito.
  “Y cuando se estaba haciendo el Sendero de los trovadores y restauraban las tumbas de Pepe Sánchez, Ñico Saquito, Miguel Matamoros y Emiliano Blez tuve la posibilidad de intercambiar varias veces con el Comandante de la Revolución Juan Almeida, me impregnó su sensibilidad, preocupado por mejorar el cementerio, y la vida y condiciones de los trabajadores.
  “La última visita del Comandante en Jefe en 2006 la tengo grabada en mi corazón, lo acompañaba Ignacio Ramonet que preparaba su libro Cien horas con Fidel; nunca pensé que un día tendría el doloroso deber y privilegio de hablar del gran significado de su vida y de su obra desde el modesto monolito que guarda sus cenizas”, refiere la historiadora con emoción.
  Ella guarda con celo el testimonio más reciente: la visita de Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, quien tras el homenaje a dos de los padres fundadores de la nación cubana: Martí y Fidel, quiso quedarse solo unos 15 minutos para que le explicara más detalles de ese altar de la Patria, de ese museo a cielo abierto.
  “El tiempo transcurrió y se convirtió en una hora, Correa quería saber más y más del sagrado lugar, estaba impresionado. Fue a la tumba de Frank, a la de Compay Segundo y me confesó que amaba los cementerios porque nació al lado del de Guayaquil, allí jugaba desde muchacho y después iba a rendir tributo a familiares y amigos”.
  Martha ha representado a Cuba en eventos de la red de cementerios patrimoniales latinoamericanos en Perú, Colombia y México, donde han cautivado sus exposiciones del camposanto santiaguero que con mucho orgullo ha defendido y divulgado más allá de las fronteras nacionales.

viernes, 16 de junio de 2017

Vilma, de la estirpe de Mariana




Aída Quintero Dip
   Si José Martí hubiera conocido a Vilma Espín, seguramente tendría que decir de ella lo que una vez expresó de Mariana Grajales: “Fáciles son los hombres con tales mujeres”.
   En esta Heroína de la Revolución cubana se conjugaron de manera singular el valor y entereza de la madre de los Maceo, la visión anticipadora de Ana Betancourt para luchar por la emancipación y los derechos de la mujer, y la fidelidad y pasión de compatriotas como Haydée Santamaría y  Celia Sánchez.
  Este 18 de junio se cumple el décimo aniversario de la desaparición física de esta mujer  excepcional que ocupa por derecho propio un sitio prominente en la historia de Cuba, a la cual se consagró en cuerpo y alma desde la etapa pre revolucionaria hasta el triunfo, el primero de enero de 1959, y en los años de Revolución en el poder.
  Vilma heredó la rebeldía de su amada ciudad, donde había nacido el siete de abril de 1930, la misma que la viera desafiar al régimen en la época de estudiante de ingeniería Química Industrial, en la Universidad de Oriente, y que ante el peligro de la vida clandestina la refugió en sus casas para que nadie pudiera dañarla.
  De joven elegante y agradable, se convirtió en el brazo derecho de Frank País, jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, a quien le sirvió hasta de chofer en los momentos en que era uno de los combatientes más perseguidos por la tiranía de Fulgencio Batista, durante los años convulsos de la lucha clandestina en Santiago de Cuba.
  Tuvo el gran honor de representar el estoicismo de la mujer cubana en el levantamiento armado de la heroica urbe, el 30 de noviembre de 1956, junto a Haydée, Asela de los Santos, Gloria Cuadras y otras tantas santiagueras firmes y leales que vistieron el verde olivo dispuestas a apoyar el desembarco del yate Granma para ser libres o mártires, como había vaticinado Fidel.
  Era tal su coraje que el propio Frank, poco antes de su muerte el 30 de julio de 1957, la nombró coordinadora provincial del M-26-7 en Oriente y más tarde, en junio de 1958,  ya muy perseguida ella se incorpora a la guerrilla;  el II Frente Oriental Frank País, bajo el mando del entonces Comandante Raúl Castro, fue el escenario donde dio riendas sueltas a sus afanes libertarios hasta el final de la guerra.
  Un cariño muy especial por considerarla una de sus hijas más
queridas, le prodigó esta tierra  que la sintió en sus calles
combatiendo y forjando sueños y la eligió diputada al Parlamento cubano, tras la victoria de 1959, cuando le aguardaron tareas decisivas en la edificación de la nueva sociedad y en la lucha para que la mujer ocupara el puesto merecido.
   La destacada combatiente del Ejército Rebelde, incansable luchadora por la emancipación de las féminas y la defensa de los derechos de la niñez,   fue forjando un carácter firme hasta convertirse en un cuadro íntegro, de solidez ideológica a toda prueba que supo fraguar virtudes en las nuevas generaciones.
   Una de las obras que la perpetuará al paso de los siglos es la
conducción de la transformación de la mujer cubana, convertida en una poderosa fuerza, protagonista de misiones decisivas para el progreso socioeconómico y político de la nación, tras contar con la guía indiscutible de Vilma en los empeños por alcanzar la verdadera igualdad de derechos y oportunidades.
  Vivió años de avatares y desafíos disímiles, pero siempre conservó esa dulzura, mezcla de madre, compañera, amiga, capaz  de analizar con igual entereza los problemas que entorpecen el pleno desarrollo de la sociedad, y de disfrutar de sus avances y logros.
  Siempre se sintió dichosa de ser contemporánea con tantas mujeres valiosas  que pusieron su talento y se consagraron al servicio de la Revolución, por eso conducir los destinos de la Federación de Mujeres Cubanas más que un trabajo, lo consideró un placer inigualable.
  Sintió la satisfacción de haber forjado –junto a Raúl Castro- una hermosa familia, pródiga de amor, de cuatro hijos y ocho nietos, con la que seguramente quiso perpetuar de alguna manera su vida y experiencia clandestina y guerrillera, pues dos de sus hijas llevan sus más conocidos nombres de guerra: Déborah y Mariela.
   Hasta su muerte la adornó una singular sonrisa, que la distinguió entre los guerrilleros en los días de la Sierra Maestra, cuando ella y Celia eran las niñas lindas de la tropa y los rebeldes  lo mismo les regalaban flores, las protegían como a una hermana, o las acompañaban a riesgosas misiones.
  Las presentes y futuras generaciones tendrán que venerarla, además, por su fidelidad a la causa,  y especialmente a Fidel, como intérprete ferviente y creativa de sus ideas; por los importantes servicios que prestó a la Patria y por anidar los valores más auténticos de la cubanía.
  Su ejemplo se multiplica hoy en quienes asumen responsabilidades en diversas esferas de la vida nacional y en cargos de toma de decisiones, en las científicas, médicas, economistas, ingenieras, maestras, obreras, constructoras, trabajadores de servicio que dejan huellas por su dedicación y sentido de pertenencia.
  Los cubanos y cubanas de estos tiempos tienen en la vida y obra de Vilma Espín una fuente inagotable de inspiración para protagonizar las mejores acciones y engrandecer la Patria, a la que ella entregó todo sin mirar de qué lado se vivía mejor, sino de qué lado estaba el deber.