domingo, 16 de abril de 2017

Girón: el puntapié patriótico que todavía le duele al imperio



Dai Liem Lafá Armenteros
   Comenzaba la década del 60 del siglo XX, Cuba estaba en plena efervescencia de la Revolución triunfante en 1959, las fuerzas populares por fin eran dueñas de su destino, y la oligarquía pro yanqui ya no tenía poder, pero quería recuperarlo con la ayuda del Tío Sam.
    Para lograr su objetivo hicieron de todo: desde suprimir la cuota azucarera y prohibir la entrada de petróleo al país, hasta armar y equipar una fuerza paramilitar de exiliados cubanos sin escrúpulos, con la clara misión de invadir la Isla.
    Como expresa en su artículo La Batalla de Playa Girón,  el Teniente Coronel Jorge Hernández Garaboto, Primer Investigador del Centro de Estudios Militares (CEMI), a partir 17 de marzo de 1960 fueron establecidos 13 campos de entrenamiento en Guatemala, Nicaragua y en bases norteamericanas existentes en Puerto Rico, la zona del canal de Panamá y en territorio continental estadounidense.
   La fuerza mercenaria estaba constituida por unos mil 500 hombres bien armados, provistos de tanques, artillería y una fuerza aérea de más de 40 aviones, que era más poderosa, destructiva y agresiva que la de todos los países de Centroamérica y el Caribe juntos.
   También poseía una flota bélica con barcos artillados, que navegaban sin tropiezo con banderas inocentes cambiantes de color  y de forma, con tanta frecuencia que resultaba imposible identificarlos.
      El territorio seleccionado para la invasión a Cuba estaba constituido por una estrecha franja de playa al sur de la entonces provincia de Las Villas, con escasa población, pocas vías de acceso y con facilidades para aterrizar.
   Resultaba un lugar apropiado para ejecutar el plan de la CIA, que contaba con el visto bueno de la Junta de Jefes de Estado Mayor y la aprobación del presidente norteamericano.
   El objetivo estratégico era aislar una región del territorio cubano, situar allí un gobierno provisional y desarrollar operaciones de desgaste que dieran la imagen de la existencia de una guerra civil, pretexto para la intervención militar de las fuerzas armadas norteamericanas.
    Tres escuadrillas de bombarderos de ataque B-26 partieron el 15 de abril de 1961, desde Nicaragua hacia Cuba, y al amanecer atacaron tres aeropuertos. La acción resultó un fracaso al no lograr destruir en tierra la reducida fuerza aérea cubana; sin embargo, hizo evidente la inminencia de la invasión.
   En el entierro de las víctimas de los bombardeos, el 16 de abril de 1961, el Comandante en Jefe Fidel Castro declaró el carácter socialista de la Revolución.
   Según evoca en su artículo el especialista Hernández Garaboto, siguiendo la ruta de los acontecimientos, ese día Fidel también declaró el estado de alerta, comprendiendo que la acción del día 15 era el preludio de la invasión. Así, los hombres que enfrentarían al enemigo horas después, combatirían ya conscientemente por el socialismo.
   En la madrugada del 17 de abril una brigada contrarrevolucionaria entrenada, equipada y transportada por Estados Unidos arribó por la Ciénaga de Zapata, al sur del territorio de  Matanzas. El pueblo se movilizó y el Ejército y las Milicias, dirigidos por Fidel, contraatacaron de inmediato.
   Tras 60 horas de duros combates fueron derrotados los mercenarios, que se rindieron en Girón al atardecer del 19 de abril.
   Más de 150 combatientes revolucionarios murieron y varios civiles fueron asesinados por la aviación invasora.
   El ataque por Playa Girón fue parte de la Operación Pluto de la CIA y representó la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina.
   Tal como evidencia la historia, constituyó un puntapié que todavía duele al imperio, el cual no ha podido sofocar la llama perenne de una Revolución que da luz a un continente y al mundo entero.
   Por eso el historiador Andrés Zaldívar Diéguez, uno de los autores del libro El rostro oculto de la CIA. Antesala de Playa Girón, resalta  la importancia de que conozcamos la historia para que nadie venga con cantos de sirenas a confundirnos sobre el pasado.
    En el texto recuerda: “Después de la derrota en Playa Girón, el gobierno norteamericano no solo continuó su incesante obsesión.  Fue la resistencia del pueblo, dirigido por Fidel Castro, la que neutralizó a la contrarrevolución organizada y armada por Estados Unidos, en solo unos años. Se quebró así el mito de la invencibilidad del imperio norteamericano”.

viernes, 17 de marzo de 2017

La tarde que Chávez le tiro piedras a Fidel

Jorge Legañoa Alonso
La Habana, 17 mar (ACN) El presidente Hugo Chávez y el Comandante en Jefe Fidel Castro tenían fama de hablar en público y también privado por largo rato, incluso bromeaban sobre quién tenía el record de horas al dar un discurso.
   No se sabe muy a las claras cuál de los dos posee el récord de la intervención pública más larga; lo cierto es que a estas alturas ese detalle no es tan importante, porque ambos lograron confraternizar tanto que Chávez incluso dice que le tiró piedras a Fidel para que se callara.
   Comandantes les regala otra de esas incontables anécdotas de ambos amigos.

   Yo le tiré piedras a Fidel
   Por Hugo Chávez Frías
   ¿Tú sabes ese cuento? Yo le tiré piedras a Fidel, duro, ¿verdad?, porque no quería dejar de hablar.
   El sol se ocultaba. El presidente Fernando Henrique de Brasil y yo teníamos que ir a Boa Vista en helicóptero. Y Fidel habla que habla.
   Estaba dando una clase de la soya y de la vaca mecánica, aquella que Brasil le mandó una vez a Cuba, que no sé cuántos litros de soya producía. Bueno, él estaba dando una clase, una señora clase.
   Pero es que el tiempo no daba, y yo empiezo a tirarle piedritas. ¡Paqui!, le pegaba. Hasta que le pegué en un tobillo y le dolió, porque dejó de hablar. Estaba cumpliendo años Fidel ese día, setenta y cinco años. Fue un 13 de agosto.    

miércoles, 15 de marzo de 2017

Historia y juramento vibran en Mangos de Baraguá



Aída Quintero Dip
Servicio Especial de la ACN
  Mangos de Baraguá trasciende y enaltece su gloria y su honra cada día, íntimamente relacionado con un hecho político trascendental en la historia de Cuba, es mucho más que un entrañable pedazo de suelo patrio.
  Constituye la expresión de un símbolo y del arraigado sentimiento patriótico del pueblo que juró no ponerse nunca de rodillas, tras las huellas de Antonio Maceo Grajales, quien supo erguirse y adoptar una posición que salvó moralmente a la Revolución.
  La voz del Titán de Bronce, el insigne hijo de esta tierra que habló el 15 de marzo de 1878 por todos los cubanos dignos, se ha multiplicado de siglo en siglo para mantener la intransigencia revolucionaria enarbolada como bandera aquel día en que nació su viril protesta.
  Al entrevistarse el Mayor General del Ejército Libertador con el general español Arsenio Martínez Campos, máxima autoridad colonial en la Isla, le manifestó su inconformidad con deponer las armas sin alcanzar la independencia y la erradicación de la esclavitud, dos sagrados objetivos  por los que tanto se había luchado.
  Gracias a ese episodio valiente, oportuno y firme se consolidó el pensamiento revolucionario cubano y reafirmó la decisión y el compromiso de volver al campo de batalla para conquistar la libertad con el filo del machete.
 Han pasado 139 años de la Protesta de Baraguá, “lo más glorioso de la historia de Cuba”, como la calificó José Martí, y su herencia tiene plena vigencia como única respuesta posible ante el bochornoso Pacto del Zanjón.
  No queremos paz sin independencia, fue la sabia advertencia de Antonio Maceo que dejó un legado imperecedero para las nuevas generaciones de cómo hay que defenderse para ser verdaderamente dueños de su destino.
  Una lección de utilidad y validez para quienes se someten, socavan su soberanía, vulneran los principios y claudican ante las presiones del imperio.
   Por eso Mangos de Baraguá volvió a ser protagonista en la historia el 19 de febrero del 2000, cuando, en el mismo escenario escogido en el siglo XIX por Maceo y sus huestes mambisas, miles de compatriotas exigieron la devolución al seno de su familia de un niño secuestrado en las entrañas del monstruo.
  Entonces volvió a vibrar el clamor soberano en un lugar convertido en parte decisiva de la Batalla de Ideas, que se hizo juramento para todos los tiempos como arma invencible, contra la que no pueden las armas nucleares,  tecnológicas, militares o científicas.
  Allí los cubanos prometieron defender, bajo cualquier circunstancia, su derecho a la paz, el respeto a la soberanía y a sus intereses más sagrados, y por su cumplimiento han obrado con inteligencia y sin tregua.
  También han sido consecuentes con el juramento de luchar contra las agresiones y amenazas  a la seguridad del país,  y los actos de terrorismo, el bloqueo y la guerra económica, los planes de subversión, el diversionismo ideológico y la desestabilización interna.
 Como  resultado de lo jurado ante la gloria inmortal de Maceo, desde el mismo sitio de donde partió, el 22 de octubre de 1895, la invasión de Oriente a Occidente, se ha profundizado en una sólida conciencia revolucionaria.
  El juramento de Baraguá es mucho más que deber y compromiso con el presente y el futuro, es documento de alta prioridad y vigencia, por su valor estratégico y como texto de perenne consulta, en correspondencia con la coyuntura actual  que viven los cubanos.
  Este 15 de marzo de 2017 hay más razón, más motivaciones y voluntad de luchar cohesionados los veteranos y los pinos nuevos para que Cuba sea un eterno Baraguá. 

viernes, 3 de marzo de 2017

Martín Corona, maestro del periodismo en Granma

Yasel Toledo Garnache
    El protagonista a quien van dedicados estos párrafos llegó al periodismo hace 40 años y, poco a poco, se convirtió en uno de los mejores profesionales de la provincia de Granma y de todo el país, maestro de las técnicas periodísticas y la precisión.
  Nació entre lomas en la comunidad de El Plátano, intrincado paraje de la Sierra Maestra en el municipio de Pilón, cuna también de Guillermo García Frías,  Comandante de la Revolución y Héroe de la República de Cuba.
  Martín Aurelio Corona Jerez tiene fama de exigente, y lo es, como un aspirante permanente a la perfección. Revisa cada frase escrita con detenimiento, y tal vez por eso sus textos suelen ser impecables, frutos del talento y el esmero, una enseñanza para quienes comenzamos ante las páginas en blanco y también aspiramos a la superación infinita.
  El reciente premio Rubén Castillo Ramos, el más importante otorgado por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en esta provincia, constituye un reconocimiento muy merecido a quien tiene una lista enorme de éxitos profesionales, como la medalla Aniversario 50 de la UPEC, la distinción Félix Elmuza, el premio provincial de historia José Maceo Verdecia y el nacional Pablo de la Torriente Brau.
   Después de conocer la noticia del nuevo galardón, acepta
felicitaciones, “estrechones” de manos y besos de algunas compañeras, dice bromas que hacen reír a todos, y se sienta frente a la computadora, como cada día desde hace mucho.
   Luego, recuerda momentos de su infancia y manifiesta que todo se lo debe a la Revolución. "Ella me salvó y estoy agradecido por eso", expresa con seguridad quien trabajó desde pequeño y fue inscrito a los 11 años de edad, después de salir de las montañas para becarse y estudiar.
   Aclara que él jamás concederá entrevistas, porque los periodistas no son noticia ni deben serlo jamás, quizás esa es parte de otra de sus clases. Añade que los campesinos, los deportistas, los médicos… tienen las historias más sobresalientes.
   “Mis opiniones están en mis textos, quienes me leen las conocen, agrega y sigue en lo suyo”. Teclea ideas en un documento de Word, termina la información de un hecho de la jornada y la envía al editor.
   Corona Jerez, Hijo Ilustre de Pilón, su municipio natal, ha sido maestro de varias generaciones de periodistas en la provincia, a quienes enseñó y todavía lo hace, con su dedicación casi excesiva, motor para su labor sin descanso.
   Los jóvenes y los de más experiencia lo reconocemos como el mejor periodista de la provincia en los temas de Historia y uno de los más conocedores del país, autor de un libro de testimonios de campesinos que ayudaron a los expedicionarios del yate Granma. Ha trabajado en prensa escrita, radial y televisiva.
   Desde 1988 se desempeña en la Agencia Cubana de Noticias y como colaborador de Radio Habana Cuba, ha publicado en los periódicos La Demajagua, Granma y Juventud Rebelde, y en las revistas Ventana Sur, Bohemia, Verde Olivo y Habanera.
   Martín Corona Jerez, el niño de El Plátano, el adolescente becado, el joven soñador, el hombre exigente y amante del béisbol, el profesional multipremiado, sigue en el periodismo y ojalá esté siempre para bien de la profesión.
   Tal vez, cuando usted lea estas líneas él permanezca escribiendo en la redacción de la ACN en Granma o en una cobertura. Algunos buscaremos siempre sus textos para leer y aprender.
   Cuando yo terminaba estas líneas, se paró de la silla de al lado, conversamos algo y salió con calma. Quizás en busca de otros protagonistas de noticias.

Él día que Chávez quiso lanzar a Fidel al agua



Jorge Legañoa Alonso
La Habana, 3 mar (ACN) En esta nueva entrega de la serie de anécdotas: Comandantes; escritas por el presidente Hugo Chávez Frías y recopiladas en el libro Cuentos del Arañero, el líder bolivariano nos revela detalles del día que tuvo deseos de lanzar a Fidel al agua.
   Este cuento, como el resto de los que el arañero de Sabaneta dedicó a Fidel, evoca  a un hombre interrogador insaciable que no se queda con ninguna duda y trata de ir más allá de la respuesta que se le pueda dar porque como muchos han subrayado, Fidel es Fidel.

  ¡El colmo de los colmos!
   Por Hugo Chávez Frías
   El próximo domingo es trece. Bueno, será un Aló Presidente especial, dedicado a tu cumpleaños, Fidel, ochenta años. Hay que recordar que Fidel, precisamente aquí en el estado Bolívar, cumplió setenta y cinco. ¡Ah!, esa vez me tenía loco a preguntas.
   Él empezó a preguntar y a preguntar, y yo te mandé a llamar a ti (gobernador Francisco Rangel), y después tú mandaste a llamar a un técnico, porque él quería saber.
   Bueno, primero el tendido eléctrico, que lo inauguramos el día siguiente. Él estuvo preguntando cuánto valía un kilovatio, en cuánto salió construir cada torre, en cuánto salía el kilómetro de cable, cuántos cables eran, la tensión de los cables, cuántas torres, bueno, y a cuánto le vendíamos a Brasil el kilovatio por hora.
   Ahí le respondimos casi todas las preguntas. Pero cuando íbamos en el lago, navegando en la canoa, me dijo: “Chávez, ¿qué velocidad tú crees que trae el agua allá en la cascada?”. Me dieron ganas de empujarlo al agua. ¿Qué voy yo a saber?
   “Calcula, echa un cálculo allí de cuando viene cayendo el agua, no es muy difícil, tú haces así y más o menos calculas. Calcula tú”, me dijo: “Debe venir como a 300 kilómetros por hora y cuando está llegando abajo 350”, respondí.
    Pero después me dice: “¿Y qué profundidad tendrá este lago?”. “Tendrá como 15 metros”, yo inventando. “¿Y la temperatura del agua?”.
   “Bueno, no sé, chico, será como 20 grados”. Entonces, mete el dedo en el agua y dice: “No, 17,5 grados”. ¡El colmo de los colmos! ¡El preguntador sin fin!    

jueves, 2 de marzo de 2017

A la Tierra del Sol Naciente a darlo todo



 Evelyn Corbillón Díaz
   La suerte está echada. Cuba llegará a Japón con algo más que las ansias de retornar al podio del Clásico Mundial de Béisbol, la más importante competencia de selecciones a nivel global, que en la primera edición saboreó con su segundo puesto, luego de la discusión del título ante el conjunto nipón.
   Lo hará consciente de las implicaciones de una buena actuación en la llamada Tierra del Sol Naciente, no solo para el prestigio internacional, sino como muestra de que en la Mayor de las Antillas resurge el pasatiempo nacional, de que el evento cubano da pasos acertados en el fogueo de sus protagonistas y la afición puede hablar de nuevo orgullosa de su equipo.
   Cuando el siete de marzo venidero en el estadio Tokio Dome se escuche la voz de play ball, el elenco antillano comenzará otra vez a hacer historia, por la simple razón de medirse a otros que lucen muy grandes para el tamaño del torneo de las bolas y los strikes en un pequeño archipiélago situado en el Mar Caribe, bloqueado y vilipendiado hasta la saciedad.
   El timonel Carlos Martí, con su certera conducción de los Alazanes de Granma hacia la corona de la LVI Serie Nacional, el cuarto escaño en la LIX Serie del Caribe y la experiencia de más de cuatro décadas al servicio de la pelota cubana, se ganó el respeto y admiración de cuantos aman el deporte dentro y fuera de nuestras fronteras.
   Ahora, junto a su cuerpo técnico asumirá un duro reto en su carrera, pero lo respalda el compromiso con sus discípulos y los más de 11 millones de cubanos expectantes, ávidos de ver en la grama el coraje distintivo de los nacidos en esta región del mundo y que no los dejará “tirar la toalla” hasta el último out.
   Figuras jóvenes deberán nutrirse de la experiencia de aquellos con mayor cantidad de comparecencias en citas del orbe, como es el caso de los integrantes de la nómina participantes en algunas de las ediciones precedentes del Clásico, con destaque para Frederich Cepeda y Alfredo Despaigne, amplios conocedores de las mañas del béisbol japonés.
   Rivales poderosos y otros con deseos de crecerse en la cuarta entrega, enfrentará la escuadra cubana, aunque solo su presencia en la segunda ronda resultaría más que meritoria, en la cual se verán las caras las dos mejores novenas de los grupos A y B.
   Superar los resultados de las lides de 2009 y 2013, quizás no figure en las mentes estrategas de la delegación caribeña por la sabida fuerza de la gran mayoría de los asistentes; no obstante, los aficionados sí albergan esas esperanzas por remotas que puedan parecer y más allá de vaticinios adversos.

jueves, 16 de febrero de 2017

Motivos de lealtad

Aída Quintero Dip
  La historia de Cuba ofrece ejemplos elocuentes de lealtad a las convicciones, a los principios que son muy útiles hoy para la defensa de la Patria y la formación de las nuevas generaciones, crecidas bajo el influjo de un ancestral patriotismo.
  Tan apreciable arsenal forma parte de la obra colectiva que alimenta la espiritualidad del pueblo, ese pueblo diferente en cada etapa de desarrollo, pero eternamente el mismo que ha demostrado cuán difícil será traicionar la gloria vivida.
  Así en la memoria popular sobresalen acciones en el acontecer nacional como la del Cacique Hatuey, quien en la hoguera, donde lo pusieron los colonialistas españoles por su rebeldía, rechazó hacerse cristiano e ir al cielo, como le pidió el sacerdote, para no encontrarse allá con los esclavizadores de los suyos.
  Carlos Manuel de Céspedes, quien dio el primer grito de independencia en La Demajagua,  para darle libertad a sus esclavos,  es considerado con justeza el Padre de la Patria, porque refutó dejar la lucha  para salvar a su querido hijo Oscar, que había caído prisionero de las tropas enemigas, alegando que todos los cubanos eran sus hijos.
  El digno camagüeyano Ignacio Agramante,  al escuchar a un conspirador independentista quejosamente preguntar cómo íbamos a liberar a Cuba, siendo muy superior el poderío militar de los colonialistas españoles, sin vacilar,  exclamó: “¡Con la vergüenza de los cubanos!”
  Esa misma vergüenza y amor patrio multiplicado llevó a los valerosos bayameses  a iluminar el cielo de la Isla, al quemar su amada ciudad, el 12 de enero de 1869,  antes de rendirla a los pies del enemigo.
  Mariana Grajales, nacida en la indómita tierra de Santiago de Cuba, mientras sus hijos Antonio y José daban un paso al frente para sumarse a la revolución, se dirigió al más pequeño de su prole y le indicó empinarse para que también  respondiera al llamado del deber.
  El guajiro matancero Secundino Alfonso, ordenanza del Brigadier Pedro Betancourt, al ver caer del caballo a su jefe, le cedió el machete y su propio caballo y lo protegió, hasta morir disparando contra el enemigo.
  Otro ejemplo que vale la pena rememorar en la historia de Cuba es el de la madre de Calixto García Iñiguez, cuando supo con angustia que este había caído prisionero en  manos de los peninsulares, dijo:
“¡Este no es mi hijo!”, pero al saber que se había dado un tiro, que no logró matarlo, expresó: "¡Ese sí es mi hijo!".
 José Martí, siendo apenas un adolescente, cargado de cadenas y grilletes, le escribió a su madre, rogándole que,  en vez de llorar, pensara que entre las espinas nacen las flores. De cara al Sol supo el Héroe caer en combate tras sembrar poderosas ideas que hoy son fuentes de inspiración en su Patria.
   Pervive en la memoria un pasaje mucho más contemporáneo relacionado con Juan Almeida Bosque, con la frase que él pronunciara  durante el combate frente a fuerzas de la tiranía de Fulgencio Batista en Alegría de Pío, al sur oriental, después del desembarco del Yate Granma, en diciembre de 1956, bautizo de fuego del futuro Ejército Rebelde con Fidel Castro a la cabeza.
  En aquel instante de zozobra ante los inconvenientes afrontados por la corajuda expedición retumbó en los oídos de sus compañeros y de la manigua: ¡Aquí no se rinde nadie...!,  como una lección para todos los tiempos.
 Son apenas pasajes de la rica historia y del acervo patriótico que inspiran a la lealtad y alimentan el alma de la nación cubana.